Oración a la Virgen del Carmen

Querida Virgen del Escapulario,

Tengo que decir que nuestro humilde hermano y gran trabajador Luigi Poggi hace tantos años, cuando te pensó y te fabricó, se apoyó en su devoción personal, expresando el sentido de la belleza: y este año es la ciento y una vez que bajas del Monte, dulce, materna y protectora.

Incluso tu hijo que llevas en el brazo izquierdo nos mira complacido, llevando como tú en la mano el antiguo regalo del escapulario, signo de consagración y de devoción para todos los que te quieren y se acogen a ti.

Este año, con esta pandemia que con tanto dolor está descubriendo nuestra fragilidad, no encontrarás el plantel habitual y el gentío que te admiraba por las calles, no habrá banderas ni tambores que con tanto garbo los scouts cristianos con sus multiformes y coloridos uniformes siempre te han acompañado ; también faltarán los voluntarios que se sienten privilegiados por tirar de las cuerdas de tu pedestal móvil; no oirás las oraciones susurradas devotamente por el pueblo festivo; también extrañarás las voces de los seminaristas con sus cantos, las túnicas rojas de los obispos y los velos de las religiosas en procesión orante.

Ahora te toca a ti no sólo pasar por las calles de los barrios cristianos de Haifa desiertos, sino entrar en sus casas: acariciar a los niños, dar consuelo a los enfermos y a los ancianos, consolar los dolores de las familias, dar esperanza a los que están en la prueba, Bendecir el amor de los esposos, decir palabras evangélicas y alentadoras a los jóvenes que tienen un futuro incierto, regalar una sonrisa a quien lo ha perdido desde hace demasiado tiempo. Cada puerta, cada casa permanece abierta para que puedas entrar como peregrina y huésped de bendición.

Como puedes ver, tu misión entre nosotros no está perdida, no ha disminuido, no puede ser frenada por ningún acontecimiento negativo. Antes bien, este momento duro para todos aumenta tu solicitud de Madre hacia nosotros: tú sabes cómo cuidarnos, cómo dirigir nuestras oraciones a tu Hijo para que las lleves al Padre, como ayudarnos a elevar los ojos al cielo con esa confianza en Dios que desde tu juventud has expresado con tanto valor.

Por eso te deseamos un buen viaje entre nosotros y te damos gracias con la devoción propia de hijos.

Amen