En este día, los hermanos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo celebramos su fiesta con alegría. Nuestro corazón está iluminado por su presencia materna, nuestra vida está inspirada por lo que vivió en la sencillez de Nazaret, nuestro espíritu la busca como Hermana en el camino de la vida, Madre que nos toca con su cercanía y su ayuda, Reina que comparte con Jesús la gloria de un paraíso que habita ya en nuestros corazones.
La belleza del Monte Carmelo se combina con la belleza interior de María: los primeros monjes carmelitas desde su nacimiento la buscaron y la quisieron en el centro de su atención como un oasis de inocencia, ternura, delicadeza. Su vida rústica y solitaria no impidió que la franqueza de esta joven entrara como parte integrante de su ser, como motivación para una vida enteramente contemplativa. Enamorados de Cristo Señor, descubrimos la eterna benevolencia del Padre y el corazón sencillo y humilde de una Madre que se nos ha dado.
Nosotros, hoy aquí, en el Monte Carmelo, no solo somos conscientes de este pasado mariano, sino que tratamos humildemente de revivirlo con tonos modernos, con una atención diligente a su intensa espiritualidad cristocéntrica. Colaboramos con celo para acompañar a tanta gente que llegan a la Basílica dedicada a ella, para honrarla, para rezarle. Nuestra fiesta de hoy, 16 de julio, se extiende a todos aquellos que en cualquier lugar del mundo llevan el escapulario, su don, signo de pertenencia y distintivo peculiar de una presencia amiga, que protege, ayuda y nos alegra el corazón.
Regina Decor Carmeli, ora pro nobis.