Vivir en la presencia de Dios – Hno. Lorenzo de la Resurrección

El hno. Lorenzo nació el 1614 en Lorena, entró como « fraile lego » en el convento de los Carmelitas de la calle de Vaugirard de Paris cuando contaba 26 años.

En medio de circunstancias difíciles, aprendió a « conocer la vida » y a « conocer el mundo ». Vivió las consecuencias de una larga y terrible guerra, el desamparo de situaciones de angustia, la experiencia de la pobreza y del hambre. También tuvo ocasión de descubrir la debilidad de su naturaleza humana.

Pero el amor vencerá. En pleno mundo y en plena lucha, poco a poco comienza a desarrollar esta apertura sin límites a Dios, a su gracia, a sus deseos concretos. Los diez primeros años de su vida religiosa serán un período de duras pruebas. Se acuerda de los pecados de su juventud. Y se pregunta si no estará ya condenado. Pero, más allá del sufrimiento triunfa el amor. Decide entregarse, abandonarse incondicionalmente a Dios. El resultado no se hace esperar: « Me encontré de repente todo cambiado. Y mi espíritu, que hasta entonces estaba todo turbado, experimentó una profunda paz interior, como si se hubiera instalado en su mismo centro, en un lugar de reposo».

Vivir en la presencia de Dios

Lorenzo descubrió que la unión a Dios se obtiene por un ejercicio continuo de amor, haciendo todo por amor de Dios. Nos explica el modo como lo practicaba concretamente: antes de empezar un trabajo, dedicaba una mirada a Dios; durante este trabajo renovaba esta mirada «de cuando en cuando»; y siempre al terminar lo mismo.

El ejemplo de Lorenzo nos muestra que la vida mística es accesible a los laicos en la vida de todos los días: vivir, trabajar, amar… puede considerarse un expandirse de la vida de Dios en nosotros. Algo que parece pequeño y banal puede dar lugar a una fascinante aventura de amor, donde todo es grande, bello y pertenece al mundo del Esposo (Cristo).

El hombre y el guía

Para conocer al hno. Lorenzo lo mejor es leer sus «Máximas espirituales» y sus «Cartas». Decía: «Podemos hacer de nuestro corazón un oratorio donde retirarnos para estar con Él en la sumisión, en la humildad y el amor. Todo el mundo puede tener diálogos amistosos con Dios, unos más, otros menos; Él sabe de qué somos capaces. Empecemos, pues.  Tal vez Él solo   espera una buena resolución de nosotros. (… / …) Entonces, gradualmente, acostumbraos a adorarlo, a pedir su gracia, a ofrecer el corazón de vez en cuando en medio de las ocupaciones e incluso en cualquier momento, si podéis.

No os limitéis escrupulosamente a ciertas reglas o a formas particulares de devoción; vivid en la confianza en Dios y actuad con amor y humildad. Podéis contar con mis pobres oraciones, os garantizo que seré vuestro servidor en nuestro Señor» (6ª carta).

El hno. Lorenzo ocupa un lugar privilegiado en el corazón de muchos buscadores de Dios en el mundo entero, incluidos protestantes, anglicanos y ortodoxos. Muchos cristianos lo aman, lo escuchan y lo veneran como un guía luminoso y un santo auténtico. Por su vida a la luz de Dios y su testimonio radiante, el hno. Lorenzo de la Resurrección, verdadero hijo del Carmelo, continúa hoy su acción en nuestro favor. Él nos lleva a Dios, presente en toda la vida, por la sencillez del amor.

P. Saverio Cannistrà, Prepósito General

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