San Juan de la Cruz, guía hacia el encuentro con Dios

Si damos una ojeada a las grandes obras de San Juan de la Cruz descubrimos que todo su intento es guiarnos al encuentro con Dios.

En el Cántico Espiritual, San Juan de la Cruz nos presenta el camino de la purificación del alma, es decir el dejarse poseer gradual y gozoso por Dios, hasta el momento en el que el alma (= la persona) descubre que ama a Dios con el mismo amor con que es amada.

En la Llama de Amor viva describe de forma más detallada el estado del proceso de unión transformante en Dios. Se sirve del fuego como imagen fundante. De hecho, cuanto más encendido está, más consume la madera, y más incandescente es la llama. Lo mismo hace el Espíritu Santo con nosotros, que durante la noche purifica el alma, al mismo tiempo que la ilumina y la calienta como si fuese una llama.

La Subida al Monte Carmelo en cambio nos presenta el viaje espiritual desde el punto de vista de la progresiva purificación del alma, necesaria para escalar el monte de la perfección, con el símbolo del Monte Carmelo. El recorrido que emprende el hombre, ayudado por la gracia de Dios, le permite al hombre liberarse de todo apego, de todo afecto contrario a la voluntad de Dios.

Y por último, en la Noche Oscura el Santo describe el aspecto «pasivo», en la progresiva transformación y purificación de la persona. El esfuerzo humano, de hecho, no es capaz por sí solo de alcanzar las profundas raíces de las inclinaciones y de los vicios de la persona: puede solo frenar ciertos de sus movimientos, pero no arrancarlos de raíz. Por eso, es necesaria la acción especial de Dios, que purifica el espíritu radicalmente y dispone a la unión de amor con Él.

Dios quiera que estas indicaciones sobre las principales obras del Santo nos ayuden a caminar en este tiempo de Adviento, con paso ligero al encuentro con Dios. El largo y difícil camino de purificación requiere ciertamente un esfuerzo personal, pero el verdadero protagonista es Dios. Lo más que puede hacer el hombre es permanecer «disponible» (¡Marana tha!), estar abierto a la acción divina y no oponer ningún tipo de resistencia a su gracia.

P. Patrice, ocd (Stella Maris)

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