El carisma teresiano

El origen del Carmelo renovada y la naturaleza misma de la vocación están estrechamente unidos a la vida y al carisma de Teresa de Ávila, que a partir de sus gracias místicas emprendió un camino de renovación, haciendo de la oración y la contemplación el compromiso de toda su vida.

El Carmelo renovado es como el «pequeño grupo» de los seguidores de Jesús en el Evangelio y consiste en un estrecho número de monjas empeñadas en vivir el Evangelio y en observar la «Regla Primitiva» en soledad y en rigurosa pobreza.

Teresa, conocedora profunda de la Iglesia, de los sufrimientos y de la problemática de su tiempo, aporta a la nueva familia del Carmelo también el espíritu apostólico. Su vida de oración y de escondimiento la vive como un servicio a la Iglesia.

Por último, la vocación de las Carmelitas descalzas queda completamente definida cuando llegan a oidos de Teresa las dificultades de la Iglesia de su tiempo para llevar el Evangelio a las nuevas tierras de misión. Esta conciencia acrecienta su preocupación y su pasión por las misiones, refuerza el ardor apostólico y la induce a implicar en su proyecto de renovación también un pequeño grupo de frailes que compartiesen su mismo espíritu.

En todos los viajes emprendidos para fundar nuevos monasterios Teresa desea conservar intacta la herencia del Carmelo. Su devoción a la Virgen del Carmen, las raíces bíblicas, los profetas, los padres de nuestra tradición, la fidelidad al espíritu genuino de la Regla, junto con un renovado ímpetu apostólico, son para ella los pilares de la revitalización del carisma.

En Juan de la Cruz, que providencialmente comparte con Teresa la Reforma, encontramos la imagen viva del verdadero carmelita. Ambos introducen un modo nuevo de vivir, basado en las más genuinas tradiciones de la Orden.

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