El carisma carmelitano

Il término carisma, referido a una orden religiosa, expresa el conjunto de características que han inspirado el grupo y lo distingue de otras órdenes religiosas. El carisma de cada familia religiosa cristiana subraya el modo particular en que sus miembros siguen a Cristo. Dado que todos los cristianos siguen a Cristo, los carismas tienen muchos elementos en común. La identidad de un determinado grupo religioso se define, por lo tanto, por medio de la acentuación de un elemento particular.

Al centro del carisma carmelitano están la oración y la contemplación. La vida y la tradición de los primeros ermitaños del Monte Carmelo confieren al carisma un estilo particular. La regla escrita por Alberto de Jerusalén pone de manifiesto esta peculiaridad: «Cada cual permanezca en su propia celda e inmediaciones de la misma, meditando día y noche la ley del Señor y velando en oración, esperando la salvación solo de Dios».

Acogiendo a María como Madre y Patrona del Carmelo, el carmelita se inspira en Ella, en su vida, que se convierte de este modo en ejemplo de escucha de la Palabra de Dios, acogida y conservada en el corazón como María.

Entre las figuras bíblicas destaca el profeta Elías, fuente de inspiración y de contemplación del Dios vivo, ardiente de celo por su gloria. Los carmelitas, inspirados en su carisma profético, meditan la Palabra de Dios y la proclaman al mundo.

El cuidado de la oración determina para el carmelita la calidad de su vida comunitaria y la delicadeza en su servicio a los demás. Oración y contemplación, para el carmelita, no es un hecho privado entre Dios y la persona, sino un don para compartir con cada hombre, dado que el carisma es para todos.

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