El profeta Elías y la Virgen del Monte Carmelo

Elías es uno de los personajes más famosos del Antiguo Testamento junto con Moisés. En árabe se le llama «El Khader» que significa el poderoso, el que siempre fructifica, el que no muere nunca y está en todas partes. El profeta Elías es venerado por los padres de la Iglesia como el modelo de todo profeta, el pobre entre los pobres, fundador de la vida monástica. Por eso, el Monte Carmelo, después del paso de Elías se convierte en espacio para la vida eremítica.

En la tradición hebrea se dice que Dios posee en sus manos cuatro llaves: la de lluvia, la de la vida, la de resurrección y la de la comida. Elías ha podido disponer de estas cuatro llaves porqué Yahvé accedió a sus peticiones. El profeta se recuerda de hecho como el hombre que hizo llover después de un período de fuerte sequía, pero también como el profeta que resucitó al hijo de la viuda de Sarepta.

En el Monte Carmelo, a Elías se le recuerda por el histórico desafío entre el profeta (que hace valer el poderío del Dios único) ante los 450 sacerdotes de Baal (religión de la reina Jezabel, mujer del rey Acab).

En el libro de los Reyes (1Re 18,19-46) se narra el episodio del final de la sequía en Israel. El siervo del profeta Elías estaba sentado en la cima del monte cuando vio subir del mar una nubecilla en forma de mano humana que en poco tiempo trajo una lluvia abundante para la tierra y para todo el pueblo sediento.

Místicos y exégetas, en los albores del cristianismo, han visto en esta «nubecilla» la imagen de la Virgen, pues con la Encarnación y el nacimiento de Jesús nos ha procurado la mayor lluvia y bendición, que da vida abundante y fecunda el mundo.

Don Mario Colavita

 

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