Ecos del Sínodo juvenil sobre los jóvenes de Tierra Santa

En el Sínodo de jóvenes se ha hablado mucho de acompañar a los jóvenes, de estar cerca de ellos, y también de no olvidarse de los jóvenes que están fuera de la Iglesia. Pero además hay otros jóvenes que tienen fe, pero no es la fe católica. Y sobre esto, los jóvenes del Medio Oriente tienen una experiencia incomparable.

Así lo confesó en la última reunión del Sínodo el arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado latino de Jerusalén, encargado de todos los fieles católicos de rito latino de Israel, Palestina, Jordania y Chipre.

Monseñor, ¿qué ha traído de los jóvenes del Medio Oriente al Sínodo?

He traído conmigo sus interrogantes, sus deseos, que son deseos de justicia, de pan… a causa de tantos problemas sociales. Pero he traído también sus esperanzas.

El Patriarcado latino tiene a su cargo cuatro naciones. ¿Cómo se gestionan estas cuatro realidades?

Son realidades completamente diversas. Para entenderlas hay que arrancar de la base, escuchar a los responsables, y luego visitar, escuchar, hablar e individuar los elementos comunes. Y los elementos comunes son naturalmente Jerusalén, el amor a Cristo y la atención a los temas sociales, a los pobres.

¿Y cuál es la diferencia de los jóvenes de una nación a otra?

No solo de una nación a otra, también de una ciudad a otra. Los jóvenes no son iguales en Nazareth que en Jerusalén, por ejemplo. Pero al mismo tiempo, los jóvenes son iguales en todo el mundo: están llenos de vida, tienen coraje, tantas esperanzas, pero también mucha frescura y no poca ingenuidad. Y es una ingenuidad que nos hace falta sobre todo en Medio Oriente, que estamos bastante cuadriculados…

Cuadriculados, ¿en qué sentido?

Cuadriculados por las tradiciones. Estamos en una tierra llena de tradiciones, que son muy bellas y toda una riqueza. Pero nos hace falta esa ingenuidad de los jóvenes en el fondo.

Durante el Sínodo, se ha hablado mucho de acompañar a los jóvenes, de estar cerca de ellos. Pero, en su opinión, ¿qué tema habría que profundizar mayormente?

Es verdad, tenemos que acompañar a los jóvenes. Pero acompañarlos ¿hacia dónde? Está claro que tenemos que encaminarlos hacia un encuentro con Cristo. Es una bella expresión, pero que hay que traducirla en la realidad cotidiana. Está claro que el Sínodo no puede entrar en todos los detalles. Nos tocará después a nosotros sacar conclusiones y ponerlas en práctica.

Algunos obispos se han lamentado que en el Sínodo faltaba hacer hincapié sobre la santidad, pues los jóvenes tienen grandes anhelos de santidad, ¿comparte Vd. esto?

Ha habido intervenciones en el Sínodo que han apostado con fuerza sobre la santidad. Yo no diría que no se hablado de ello. Es verdad que los jóvenes tienen sed de transcendencia. Hemos hablado de tantísimos problemas sociales, quizá deberíamos ahondar más en la cuestión de la transcendencia. No vienen a nosotros para resolver problemas de pobreza. Vienen para encontrar a Jesús.

¿Qué pueden enseñar los jóvenes del Medio Oriente a los jóvenes occidentales?

Se ha hablado mucho de los jóvenes y de la relación con los alejados. Se ha hablado poco sin embargo del hecho de que hay jóvenes que tienen fe, pero no la nuestra. Es una experiencia que está a la luz del día en medio Oriente, donde vivimos siempre en contacto con el mundo islámico y el mundo hebreo, y esto será una experiencia que se acrecentará también en Occidente, en la escuela, en nuestro trabajo, en la universidad. Estaremos obligados a alternar cada vez más con otras realidades distintas de la nuestra, que se preguntan sobre nuestra fe de forma diversa de lo que estamos acostumbrados. Y tenemos que prepararnos a encajar cada vez más estas realidades. A este respecto, nosotros, en Medio Oriente tenemos una experiencia incomparable.

También porque… los jóvenes llegan a hablar allí donde las religiones a veces no lo consiguen…

Las religiones no se hablan. Los religiosos se hablan, los creyentes se hablan, las personas se hablan. No la fe como tal. Si se habla desde la fe no se da ningún encuentro. Es diferente si partimos de las personas, del encuentro, y de esto tienen una gran experiencia los jóvenes, que hablan de sus conquistas, pero en el fondo hablan también de Dios, y al hablar de Dios provocan un encuentro.

Como occidental que vive desde hace mucho en Medio Oriente, ¿cuáles son las diferencias mayores en el modo de vivir la fe?

Hay una diferencia entre la religiosidad entre Oriente y Occidente. En Occidente está clara la diferencia entre la esfera laica, la social y la religiosa. En Oriente, la religiosidad coincide con la identidad. La frecuencia religiosa, las liturgias, la participación a las celebraciones son un modo de expresar la propia identidad. Y en los dos contextos, tanto en Oriente como en Occidente, es preciso pasar de una religiosidad heredada a una religiosidad como experiencia personal.

Se habla a menudo de los jóvenes que interpelan a los adultos y piden respuestas. ¿Hay algo que tienen que hacer los jóvenes?

Desde siempre los jóvenes quieren respuestas de los adultos, pero también los adultos esperan mucho de los jóvenes. Creo que tenemos que recordar a los jóvenes que todavía tienen camino por recorrer. No se planta uno en la juventud. Su objetivo tiene que ser el de llegar a ser adultos. Adultos responsables que hagan mejor lo que hemos hecho nosotros.

Nos encontramos sin embargo ante una crisis de fe. ¿Qué hemos hecho mal en estos últimos años?

El problema es siempre el de pasar de una religiosidad recibida a la fe, que es experiencia. Lo hemos en las discusiones del Sínodo, citando a Pablo VI: los jóvenes no quieren oír maestros, sino testigos, y si quieren maestros es porque son también testigos. Este es el punto de partida.

El Sínodo tendrá éxito… si…?

No tiene que tener éxito, tiene que producir frutos. Y los frutos llegarán con el tiempo. No llegan nunca al día siguiente.

Hay muchos padres sinodales que hacen su primera experiencia. ¿Qué supone esto para el futuro de la Iglesia?

Veo una iglesia joven, con muchas ideas, sencillas, pero claras. Y creo que esto nos da pie a esperar en el futuro.

Entrevista de Andrea Gagliarducci

(Ciudad del Vaticano)

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