«Christus vivit», Exhortación apostólica post-sinodal para los jóvenes y todo el pueblo de Dios

«Cristo vive», él es nuestra esperanza y la juventud más bella de este mundo. Si Cristo es joven, también la Iglesia es joven. El Papa invoca la ayuda del Señor para que la libre de todas las personas que la quieran envejecer, anquilosar en el pasado, inmovilizarla. La Iglesia es joven cuando es ella misma, cuando recibe la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza del Espíritu cada día. Es joven cuando es capaz de volver continuamente a su fuente.

No tenemos que ceder a la mundanidad y la Iglesia, –afirma el Papa– necesita de la ayuda de los jóvenes, pues son precisamente los jóvenes los que la pueden ayudar a permanecer joven. Algunos piden incluso explícitamente que los dejen tranquilos, pues perciben su presencia como desagradable, incluso irritante. Esta petición no nace, en la mayoría de veces, de forma acrítica o impulsiva, sino que se funda en raciones serias y respetables : los escándalos sexuales y económicos, la poca preparación de ministros ordenados que nos saben captar de forma apropiada la sensibilidad de los jóvenes, la falta de preparación en las homilías y la presentación de la Palabra de Dios, el papel pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana…

Hemos de dar mayor importancia por otra parte a las mujeres y el Papa alude a María que, con su «sí» se convirtió en «portadora de una promesa». Y con María, tenemos que tomar ejemplo de tantos jóvenes santos.

El Papa Francisco advierte contra la «colonización ideológica». Un mundo donde se exagera en temas de sexualidad, puede llevarnos a olvidar que la vida es un don y que somos seres creados y limitados, que podemos ser instrumentalizados fácilmente por los que detentan el poder tecnológico. Seguidamente, el Papa entra también en el «mundo digital».  De hecho, el mundo digital se basa en un espacio de soledad, de manipulación, de explotación y de violencia, hasta llegar al caso extremo del «dark web». Las páginas web son también un canal de difusión de pornografía y de explotación de personas con fines sexuales o a través de juegos de azar.

El texto alude igualmente a los fenómenos migratorios diciendo que no representan solamente una «urgencia transitoria». La preocupación de la Iglesia afecta en particular a los que huyen la guerra, la violencia, la persecución política o religiosa, los desastres naturales debidos a los cambios climáticos  y a la pobreza extrema.

El tema de los abusos sexuales no podía faltar. El Papa ha expresado su agradecimiento hacia «los que han tenido la valentía de denunciar el daño sufrido». Seguidamente el Papa da gracias a Dios porque los sacerdotes que cometen estos abominaciones no constituyen la mayoría, que a su vez ejercen un ministerio fiel y generoso. La Iglesia no tiene miedo a mostrar los pecados de sus miembros. Pero nos recuerda también que la Iglesia es Madre y que no se abandon una madre cuando está herida.

La juventud es «un tiempo de ideales y de opciones» ha dicho el Papa. Está claro que la Palabra de Dios no nos invita solo a preparar el mañana, sino a vivir el presente. Pero no se trata de lanzarnos en una frenesía irresponsable que puede dejarnos vacíos y con una profunda insatisfación ; se trata de vivir el presente a fondo, usando las energías para cosas buenas, cultivando la fraternidad, siguiendo a Jesús y apreciando cada pequeña alegría de la vida como un don del amor de Dios. El Papa aprovecha también para pedir a los jóvenes un «compromiso social y un contacto directo con los pobres». «¡Por favor –dice–no dejéis que sean los otros los protagonistas del cambio!  Sois vosotros los que tenéis el futuro por delante. A través vuestro el futuro entra en el mundo. «Os pido por lo tanto que seáis protagonistas de este cambio».

Los jóvenes tienen que entender también sus raíces, comenzando por su relación con las personas mayores : La ruptura generacional nunca ayudó al mundo y no lo ayudará jamás. El Papa advierte seguidamente de una espiritualidad sin Dios, de una afectividad sin comunidad y sin compromiso hacia los que sufren ; el drama de ver a los pobres como sujetos peligrosos y toda una serie de ofertas que nos pintan un futuro paradisíaco que siempre nos llevará más lejos».

Con respecto a la pastoral de los jóvenes el Papa ha subrayado que los mismos jóvenes son agentes de la  pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres de buscar nuevos caminos con creatividad y valentía.  La pastoral de los jóvenes no puede ser sino sinodal. «En este contexto, la Iglesia necesita ofrecer a los jóvenes sus propios lugares, que ellos puedan adaptar a su gusto, y donde puedan entrar y salir libremente». Lugares que los acojan y donde puedan ir espontáneamente y con confianza al encuentro de otros jóvenes, tanto en los momentos de sufrimiento como de alegría. Debe existir un espacio para «todos los que tienen otra concepción de la vida, que profesan una fe diferente o se declaran extraños al horizonte religioso. Todos los jóvenes sin excepción están en el corazón de Dios y por lo tanto en el corazón de la Iglesia».

El Papa afirma también en este sentido que «los jóvenes experimentan con fuerza la llamada al amor, y sueñan con encontrar la persona justa con quien formar una familia y construir una vida de pareja».

El texto alude también a la desocupación de los jóvenes : es una cuestión muy delicada que la política debe considerar como un tema de primer orden, particularmente hoy donde la rapidez de los avances tecnológicos, junto con la obsesión de reducir el coste de la mano de obra, puede llevar a sustituir muchos puestos de trabajo a causa de la maquinaria.

Por último, el Papa Francisco habla de la importancia del discernimiento : una «expresión del discernimiento es el compromiso para reconocer su propia vocación. Es una tarea que requiere espacios de soledad y de silencio, porque se trata de una decisión muy personal que los otros no pueden asumir en nuestro lugar. El gracia de la vocación es sin duda una gracia exigente. Los dones de Dios son interactivos y para hacerlos fructificar hay mucho en juego, es preciso arriesgar».

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